Los antibióticos: épica y trágica historia

odontólogo

Los antibióticos fueron un tajo épico en la historia de la medicina. Antes de ellos, solo la cirugía curaba pues las terapias médicas eran para aliviar síntomas, en el mejor de los casos; en el peor y hasta como regla, eran dañinas. Con los antibióticos pudieron curarse algunos de los mayores azotes de la humanidad: la neumonía, las infecciones de huesos y tejidos consecuentes a los accidentes, la meningitis, la sífilis, la gonorrea, la tifoidea, el tifo y la brucelosis, por mencionar algunos. Aunados a los logros de la higiene, el agua limpia y las vacunas, contribuyeron a que la esperanza de la vida humana se incrementara a más del doble en la segunda mitad del Siglo XX.

Por desgracia, abusamos de los antibióticos pretendiendo curar infecciones por virus (como los catarros), prevenir infecciones por falta de higiene y favorecer el crecimiento (como en veterinaria), y lanzando escopetazos en los hospitales para prevenir y enfrentar las infecciones asociadas con dispositivos médicos, como los catéteres venosos. mujer resfriadaEso condujo a la selección de un infame grupo de bacterias que, no haciendo sino lo que mejor saben hacer (resistirse) desarrollaron los mecanismos que les permiten sobrevivir a los antibióticos. Aunque son legión, en la comunidad destacan las infecciones por pneumococo y escherichia coli (como en infecciones respiratorias y urinarias, respectivamente); en los hospitales, las conocemos por el acrónimo ESKAPE por enterococcus, staphylococcus, klebsiella, pseudomonas y acinetobacter, que se han tornado casi intratables y han incrementado la mortalidad por enfermedades antes relativamente sencillas de curar.

La épica historia se nos volvió tragedia y todos tenemos algo que hacer; es urgente. Como pacientes, no exijamos antibióticos cuando no son pertinentes ni los auto-recetemos, pues no solo no funcionan sino que nos pueden ocasionar infecciones peores que las que pretendemos solucionar. Como médicos, deberemos quitarnos el falso sentimiento de seguridad que da el recetarlos innecesariamente. Como veterinarios y agricultores, evitar su uso para promover el crecimiento de animales y plantas. Como industria, no promover el uso indiscriminado de antibióticos para obtener un beneficio comercial. Queda, en fin, a las autoridades regulatorias el hacer lo suyo para que estas necesidades de control se hagan realidad y retomemos la eficacia de los antibióticos, pues tenemos que vérnoslas con las mismas sales de siempre. Hay muy pocos nuevos antibióticos, las farmacéuticas ya prefieren comercializar drogas para las enfermedades crónicas y degenerativas, que les son más redituables.

Alejandro E. Macías

Médico Cirujano – Investigador Nacional Nivel 3, México

@DoctorMacias

 

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